La farsa del cazador y la mariposa de seis garras
El mensaje flotaba en la visión del cuadrúpedo con letras luminosas: “El gran paladín atravesará tu esternón antes de que logres parpadear. Esquiva a la izquierda. Atentamente: Tu único fan”.
Sí, querido lector, ajusta tu postura y presta atención. Bienvenidos al espectáculo. Hablemos de este instante petrificado en el aire. A la izquierda tenemos a Don Valen: el afamado Héroe de la Luz, con su armadura de plata pulida, su capa ondeando en un pliegue inmóvil y una sonrisa deslumbrante que ha sido retocada con magia blanca. Qué sujeto tan admirable, ¿verdad? Pues lamento arruinar tu ilusión de cuento infantil: Valen es un sociópata narcisista que caza criaturas exóticas para sacarse fotos y vender sus garras en el mercado negro.
A la derecha, acorralado contra el muro de piedra de la colina, yace nuestro supuesto «engendro del infierno»: el buen Gark. Mírenlo bien. Mide cuatro metros de alto, posee escamas de obsidiana, seis extremidades y cinco ojos. Aterrorizante a primera vista, lo admito. Pero si observas con lupa la garra inferior de Gark, notarás que sostiene con delicadeza una pequeña flor silvestre. Gark es un ermitaño vegetariano que sufre de acidez estomacal y le tiene pánico a las alturas. No le hace daño a una mosca. Sin embargo, el reino necesitaba un monstruo para justificar el presupuesto militar, y Valen necesitaba una nueva alfombra para su cabaña.
Las gotas de lluvia cuelgan inmóviles alrededor de ambos, flotando como canicas de cristal atrapadas en el vacío. Una chispita nacida del impacto previo de la espada contra la roca permanece fija, brillando como una estrella enana. El filo sagrado de la hoja de Valen se encuentra a solo un milímetro de la garganta de Gark. La cara del caballero está congelada en una mueca maniática, disfrutando la matanza inminente. Todo estaba listo para la trágica ejecución de un inocente. Pero ese texto anónimo, aparecido sin previo aviso en la mente de la bestia, vino a arruinarle la fiesta al héroe.
¿Quién envió la advertencia? Ni yo lo sé, y eso que mi perspectiva abarca hasta el último rincón de esta dimensión. Lo fascinante es que el mensaje no solo predijo el impacto con precisión quirúrgica, sino que trajo consigo la clave de la supervivencia. Gark parpadeó. Sus cinco ojos leyeron la segunda línea que emergió en el brillo flotante: “Su rodilla izquierda flaquea por una vieja lesión de entrenamiento. No te defiendas; usa tu peso hacia abajo”.
El terror primario que encogía las tripas del grandulón se evaporó por completo, dando paso a una chispa de indignación pura. La víctima acorralada comprendió la gran farsa: este caballero de pacotilla no representaba el bien, sino la arrogancia desmedida. Y las leyes de la naturaleza son bastante claras respecto a los soberbios que pisan la cola de un gigante.
En la inmovilidad de este marco suspendido, Gark comenzó a contraer los músculos de sus extremidades inferiores. Redistribuyó su enorme masa corporal, soltando la florecilla con infinita lástima pero con una determinación devastadora. El aire comprimido alrededor de sus garras empezó a vibrar, listo para liberar la energía atrapada. El supuesto salvador del reino estaba a milésimas de descubrir lo doloroso que resulta estrellarse contra la aplastante realidad de un monstruo pacífico que ha decidido dejar de ser afable. La cacería acababa de dar un giro épico, y Don Valen no tenía ni la menor idea de la tunda que estaba a punto de recibir.
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